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Cómo México se convirtió en el séptimo exportador agroalimentario del mundo — y los dos problemas que amenazan con frenarlo

CDMX, 21 de julio de 2026 — En el año…

Autor: Redaccion Lexo julio 21, 2026


Cómo México se convirtió en el séptimo exportador agroalimentario del mundo — y los dos problemas que amenazan con frenarlo

CDMX, 21 de julio de 2026 — En el año agrícola que va de julio de 2025 a junio de 2026, México exportó 58,300 millones de dólares en productos agroalimentarios, una cifra que lo colocó como el séptimo exportador mundial del sector, por encima de Brasil, India y Australia, según el ranking actualizado de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El dato, celebrado por la Secretaría de Agricultura como una prueba del «potencial exportador del campo mexicano», esconde dos problemas estructurales que los productores conocen de sobra: la concentración brutal del destino de las exportaciones y el cuello de botella logístico que encarece todo lo que se produce al sur del Trópico de Cáncer.

Empecemos por lo bueno. La canasta exportadora mexicana es la envidia de muchos países: cerveza (primer lugar mundial), aguacate, tomate, tequila, berries —fresa, frambuesa, zarzamora, arándano— y ganado bovino. Estos seis productos representan el 52% del valor exportado y han logrado posicionar la marca «México» en supermercados de todo el mundo. La cerveza mexicana, en particular, es un fenómeno global: Modelo Especial es la cerveza más vendida en Estados Unidos desde 2023, y Corona, Pacífico y Victoria crecen a doble dígito en Europa y Asia. No es casualidad: es el resultado de tres décadas de inversión en plantas de clase mundial, acuerdos comerciales que eliminaron aranceles y campañas de marketing que convirtieron «lo mexicano» en sinónimo de calidad premium.

Ahora los problemas. El primero es geográfico y comercial: el 78% de las exportaciones agroalimentarias mexicanas tienen un solo destino, Estados Unidos. China, Japón, la Unión Europea y Canadá compran el 22% restante, pero ninguno supera el 5% de manera individual. Esa dependencia es una vulnerabilidad estratégica obvia: cualquier política proteccionista en Washington —un arancel, una regulación fitosanitaria, una restricción migratoria que afecte a los trabajadores agrícolas— golpea de manera desproporcionada al sector. El secretario de Agricultura, Julio Berdegué, ha reconocido el problema y ha abierto nuevas oficinas comerciales en Dubái, Singapur y Seúl, pero diversificar mercados toma años y requiere inversiones en certificaciones, logística y relaciones comerciales que el presupuesto actual de la Sader simplemente no contempla.

El segundo problema es doméstico y logístico: mover un contenedor de aguacate de Uruapan, Michoacán, a un puerto en Manzanillo cuesta 40% más que mover un contenedor similar de California a Shanghái, según datos del Consejo Nacional Agropecuario. Las razones son conocidas y llevan años sin resolverse: carreteras en mal estado, inseguridad que obliga a pagar escoltas y seguros millonarios, y puertos que operan por debajo de su capacidad por problemas de dragado, grúas insuficientes y trámites aduanales que pueden demorar hasta cinco días. Mientras la infraestructura logística del sur-sureste no mejore, los productos que ahí se producen —café, miel, chocolate, frutas tropicales— seguirán llegando tarde y caros a los mercados internacionales, y el crecimiento de las exportaciones seguirá concentrado en el norte y el Bajío: la misma historia del nearshoring, pero en versión agrícola.

— Investigación y redacción: Lexo Noticias