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El litio de Sonora, a concurso: LitioMx abre la primera licitación minera de la era post-nacionalización

CDMX, 13 de julio de 2026 — En abril de…

Autor: Redaccion Lexo julio 13, 2026


El litio de Sonora, a concurso: LitioMx abre la primera licitación minera de la era post-nacionalización

CDMX, 13 de julio de 2026 — En abril de 2022, el Congreso mexicano aprobó por abrumadora mayoría una reforma constitucional que declaró el litio como mineral estratégico, reservó su exploración y extracción al Estado, y creó el organismo público LitioMx para administrar ese monopolio. Fue una decisión de alto simbolismo político: México se sumaba a la ola de países —Chile, Bolivia, Indonesia, Zimbabue— que buscaban recuperar el control estatal sobre los minerales críticos para la transición energética. Cuatro años después, este miércoles, LitioMx publicó las bases de licitación para la primera asociación público-privada en el sector, revelando que entre el monopolio estatal y la realidad geológica y financiera del litio mexicano hay una distancia que el simbolismo solo no puede salvar.

Las áreas licitadas abarcan 120 mil hectáreas en tres zonas del estado de Sonora —Bacadéhuachi, Nácori Chico y Sahuaripa—, dentro de la gran cuenca de litio en arcillas que el Servicio Geológico Mexicano ha mapeado durante la última década. México cuenta con recursos estimados de litio en arcillas por 243 millones de toneladas, lo que lo coloca como el noveno país con mayores recursos de este mineral crítico para baterías. Pero —y este «pero» es fundamental— el litio mexicano está atrapado en arcillas, no en salmueras como en Chile o Argentina, ni en roca dura como en Australia. Extraer litio de arcillas es un proceso técnica y económicamente mucho más complejo: requiere triturar la arcilla, someterla a procesos químicos con altas temperaturas —lo que consume mucha energía— y luego purificar el carbonato de litio hasta alcanzar el grado de batería, que exige una pureza del 99.5%. A la fecha, no existe una sola mina comercial de litio en arcillas en todo el mundo.

Las bases de licitación reflejan esta complejidad. LitioMx mantendrá el 51% de la propiedad de cada proyecto, mientras que el 49% restante podrá ser operado por empresas privadas —mexicanas o extranjeras— que acrediten «experiencia comprobable en minería y procesamiento de litio o minerales análogos». Las compañías tienen hasta el 15 de octubre para presentar sus propuestas técnicas y económicas. Entre las que han manifestado interés figuran la australiana Lake Resources, que tiene un proyecto de litio en arcillas en Argentina; la china Ganfeng Lithium, uno de los mayores procesadores de litio del mundo; y la canadiense Lithium Americas, que ya opera en el triángulo del litio sudamericano.

Especialistas del sector minero consultados para este reportaje advierten que el verdadero desafío no será extraer el litio de la arcilla —la minería convencional puede hacerlo—, sino desarrollar la tecnología para procesarlo de manera económicamente viable a escala comercial. «Extraer litio de arcilla es como querer hacer jugo de una piedra», ilustra un geólogo con 20 años de experiencia en exploración minera que pidió mantener su nombre en reserva. «No es imposible, pero el costo de producción por tonelada de carbonato de litio podría ser de 8,000 a 12,000 dólares, cuando el litio de salmuera chilena y argentina se produce a 4,000-5,000 dólares. Para atraer inversión, LitioMx va a tener que ofrecer condiciones fiscales y contractuales muy competitivas». La paradoja es evidente: entre más reservas ejerce el Estado sobre el litio, más necesita al capital privado para extraerlo y procesarlo.

El litio mexicano tiene, sin embargo, una ventaja geopolítica que ningún otro país puede ofrecer: está a 300 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, el mayor mercado de baterías del mundo después de China, en un momento en que Washington busca desesperadamente reducir su dependencia del litio procesado en China —que controla el 65% del mercado global de refinación— y construir una cadena de suministro regional desde la extracción hasta la fabricación de baterías. Esa ventaja geográfica, bien negociada, podría compensar los mayores costos de producción. Pero requiere un gobierno que sepa jugar sus cartas con inteligencia negociadora, no solo con retórica soberanista.

— Investigación y redacción: Lexo Noticias