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La carta que Tesla, Apple y Walmart enviaron a México: certifiquen la energía limpia de sus proveedores o la inversión se nos va

CDMX, 23 de julio de 2026 — El 15 de…

Autor: Redaccion Lexo julio 23, 2026


La carta que Tesla, Apple y Walmart enviaron a México: certifiquen la energía limpia de sus proveedores o la inversión se nos va

CDMX, 23 de julio de 2026 — El 15 de julio, una carta de tres páginas con membrete del Consejo de Energía Empresarial México-Estados Unidos llegó a los escritorios de las secretarías de Economía y Energía. La firmaban 40 directores generales —de Tesla, Ford, General Motors, Apple, Google, Walmart, Amazon, Procter & Gamble, Unilever, PepsiCo y otros gigantes corporativos que en conjunto representan inversiones acumuladas en México superiores a los 200 mil millones de dólares. El mensaje, redactado en un tono cortés pero inequívocamente firme, era este: las empresas no pueden cumplir sus compromisos globales de neutralidad de carbono si no pueden demostrar que la electricidad que consumen sus fábricas y centros de datos en México proviene de fuentes renovables certificadas. Y sin esa capacidad de demostración —el famoso «alcance 2» de los estándares internacionales de contabilidad de carbono—, están frenando decisiones de inversión por hasta 12 mil millones de dólares que, de concretarse, crearían 35 mil empleos directos en el país.

Para entender el alcance de esta exigencia, hay que comprender cómo funciona la contabilidad de carbono corporativa. Las empresas globales que cotizan en bolsa —es decir, casi todas las que firmaron la carta— están obligadas, por sus accionistas, sus bancos y los reguladores de sus países de origen, a reportar sus emisiones de gases de efecto invernadero en tres categorías: alcance 1 (emisiones directas de sus fábricas y vehículos), alcance 2 (emisiones asociadas a la electricidad que compran) y alcance 3 (emisiones de toda su cadena de suministro). Si una planta de Tesla en Austin, Texas, compra electricidad de un parque eólico certificado, puede reportar cero emisiones de alcance 2. Pero si su proveedor de autopartes en Nuevo León compra electricidad de la CFE, que genera el 60% de su electricidad con gas natural y combustóleo, Tesla no puede certificar que ese componente fue fabricado con energía limpia. En el mundo de las finanzas sostenibles —que ya mueve 35 billones de dólares a nivel global—, esa diferencia pude ser la razón por la que un fondo de inversión compra o vende las acciones de una empresa.

México tiene un mecanismo de certificación de energía limpia: los Certificados de Energía Limpia (CEL), creados en la reforma energética de 2013-2014. En teoría, un CEL acredita que un megavatio-hora de electricidad fue generado con fuentes renovables. En la práctica, el mercado de CEL en México ha sido criticado por su falta de liquidez —los precios son volátiles y los volúmenes de transacción son bajos—, su falta de transparencia —no hay un registro público en tiempo real de quién compra y quién vende— y, sobre todo, su falta de reconocimiento transfronterizo: un CEL mexicano no es aceptado por los estándares internacionales RE100 o GHG Protocol, que son los que usan las 40 empresas firmantes de la carta.

La Secretaría de Energía respondió a la misiva tres días después, informando que trabaja en una reforma al sistema de CEL que podría estar lista para el cuarto trimestre de 2026 y que incluiría la interoperabilidad con los sistemas de certificación de Estados Unidos (REC) y la Unión Europea (GO). Pero el tiempo apremia: según la carta, al menos tres decisiones de inversión —una planta de semiconductores en Jalisco, un centro de datos de hiperescala en Querétaro y una fábrica de baterías en Sonora— están condicionadas a la existencia de un sistema de certificación creíble. México tiene la energía limpia —o al menos el potencial. Lo que no tiene es el papel que acredite que esa energía es realmente limpia.

— Investigación y redacción: Lexo Noticias