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Viento en el Golfo: el primer parque eólico marino de México recibe luz verde ambiental y abre una nueva frontera energética

Matamoros, Tamaulipas, 15 de julio de 2026 — A 35…

Autor: Redaccion Lexo julio 15, 2026


Viento en el Golfo: el primer parque eólico marino de México recibe luz verde ambiental y abre una nueva frontera energética

Matamoros, Tamaulipas, 15 de julio de 2026 — A 35 kilómetros de la costa de Matamoros, donde el Golfo de México se encuentra con la desembocadura del Río Bravo y el viento sopla con una constancia que los ingenieros llaman «factor de planta del 55%» —casi el doble que el de un parque solar—, 32 aerogeneradores de 15 megavatios cada uno se levantarán a partir de enero de 2028 sobre el mar. La Manifestación de Impacto Ambiental del proyecto Viento Golfo I, el primer parque eólico marino en la historia de México, fue aprobada este viernes por la Semarnat, despejando el camino para un proyecto de 480 megavatios de capacidad y 1,100 millones de dólares de inversión, liderado por la mexicana Mareña Renovables —filial del grupo Pérez Simón— en consorcio con la danesa Ørsted, la empresa de energía eólica marina más grande del mundo.

La autorización ambiental no fue un trámite sencillo. El expediente, que este medio consultó a través de la Plataforma Nacional de Transparencia, incluye 380 páginas de estudios de impacto, modelaciones de ruido submarino —cruciales para determinar el efecto de las perforaciones en los cetáceos que migran por el Golfo— y análisis de rutas de aves migratorias. Organizaciones ambientalistas como Greenpeace México y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) participaron en el proceso de consulta pública y, si bien no se opusieron al proyecto, condicionaron su apoyo a la implementación de protocolos rigurosos de monitoreo acústico durante la fase de construcción —particularmente entre diciembre y abril, cuando las ballenas jorobadas y las tortugas lora transitan por el área— y a la creación de un comité de vigilancia ambiental con participación de la comunidad científica y las cooperativas pesqueras locales.

Para la industria manufacturera de Nuevo León y Tamaulipas, la relevancia de Viento Golfo I va más allá de los megavatios. Las armadoras automotrices, las ensambladoras de electrodomésticos y las fundidoras de acero de la región —que en conjunto representan el 30% del PIB industrial de México— enfrentan una presión creciente de sus clientes internacionales, particularmente en Europa, para demostrar que la electricidad que consumen proviene de fuentes renovables certificadas. Sin esa certificación —que en la jerga técnica se llama «garantía de origen»—, los productos fabricados en México empiezan a ser considerados «sucios» por los compradores globales, lo que se traduce en aranceles al carbono, pérdida de contratos y exclusión de cadenas de suministro premium. Un parque eólico marino a 35 kilómetros de sus fábricas es, literalmente, una póliza de seguro contra ese riesgo.

El proyecto también tiene una dimensión geopolítica sutil pero importante. Ørsted, el socio danés, es una empresa que el gobierno de Dinamarca —que controla el 50.1% de sus acciones— ha utilizado como punta de lanza de su diplomacia energética en Asia, Europa y ahora América Latina. La entrada de Ørsted a México, con un proyecto que técnicamente es el más complejo que se ha intentado en el sector eléctrico nacional, es una señal de confianza en el mercado mexicano que contrasta con el ruido político de los últimos años en torno a la inversión extranjera en energía. Si Viento Golfo I es exitoso —técnica, ambiental y financieramente—, abrirá la puerta a una nueva industria en México: la eólica marina, que a nivel global mueve más de 40 mil millones de dólares al año y de la cual América Latina, hasta ahora, estaba completamente ausente.

— Investigación y redacción: Lexo Noticias