Pemex encuentra gas donde pocos se atrevían a buscar: el yacimiento de Perdido y la oportunidad que México no puede dejar escapar
CDMX, 6 de julio de 2026 — A 290 kilómetros…
Autor: Redaccion Lexo julio 6, 2026
CDMX, 6 de julio de 2026 — A 290 kilómetros de la costa de Tamaulipas, bajo una lámina de agua de 2,500 metros y otros 4 kilómetros de corteza terrestre, el pozo exploratorio Pok-A-Tok-1 encontró lo que los geólogos de Pemex llevaban una década persiguiendo: una columna de hidrocarburos de 420 metros de espesor, con reservas estimadas en 900 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, en su mayoría gas natural. El hallazgo, anunciado este lunes por el director de Pemex Exploración y Producción, Néstor Martínez, es el más significativo en aguas profundas del Golfo de México desde el descubrimiento del yacimiento Trion en 2012, un proyecto que tardó 12 años en comenzar producción comercial y que requirió la entrada de la australiana BHP como socia operadora.
Ubicado en el cinturón plegado de Perdido —una formación geológica que se extiende del lado estadounidense del Golfo, donde ya produce Shell, y el lado mexicano, prácticamente inexplorado—, Pok-A-Tok-1 es un éxito técnico y un desafío monumental al mismo tiempo. Perforar a 2,500 metros de profundidad requiere plataformas semisumergibles de séptima generación que cuestan entre 300 y 500 millones de dólares cada una, equipos de posicionamiento dinámico que mantienen la plataforma estable en condiciones de huracán, y una logística de transporte —helicópteros, barcos de abastecimiento, oleoductos submarinos— que multiplica los costos operativos por un factor de 10 respecto a los campos terrestres o de aguas someras que Pemex ha operado toda su vida.
El director de la petrolera estimó que el yacimiento podría comenzar producción comercial en 2030, con un potencial de 200 mil barriles diarios de petróleo crudo equivalente. Pero ese cronograma optimista asume que Pemex conseguirá financiamiento externo: la inversión requerida ronda los 8 mil millones de dólares, una cifra que la empresa simplemente no tiene en sus arcas. La deuda financiera de Pemex supera los 105 mil millones de dólares y la producción de sus campos maduros —Cantarell, Ku-Maloob-Zaap— sigue cayendo a un ritmo de entre 8% y 12% anual. En ese contexto, desarrollar aguas profundas sin un socio privado es casi imposible.
«Pok-A-Tok va a ser una prueba de fuego para el nuevo gobierno», dice en entrevista Miriam Grunstein, especialista en energía y autora del libro ‘Pemex: el costo de la esperanza’. «El discurso oficial ha sido que Pemex puede con todo. La realidad es que aguas profundas requiere tecnología, capital y gestión de riesgos que Pemex no tiene. Si el gobierno se aferra a la idea de que Pemex lo haga solo, el descubrimiento se va a quedar en el papel como tantos otros. Si acepta un esquema de producción compartida con una empresa internacional seria —una Shell, una BP, una Equinor—, el gas de Perdido podría estar fluyendo en 2030. No hay un plan C».
El hallazgo es particularmente relevante para la estrategia energética nacional porque es gas —no petróleo— lo que México necesita con urgencia. El país importa más del 65% del gas natural que consume, casi todo desde Estados Unidos a través de gasoductos que cruzan la frontera en Texas. En los picos de demanda —los veranos cada vez más calurosos, cuando la CFE necesita alimentar sus plantas de ciclo combinado—, la dependencia del gas texano se convierte en una vulnerabilidad estratégica y financiera: México pagó 8,400 millones de dólares por importaciones de gas natural en 2025, un 23% más que el año anterior, debido tanto al aumento del consumo como a la volatilidad de los precios internacionales. Un yacimiento propio de gas en aguas profundas no elimina esa dependencia de la noche a la mañana, pero sí ofrece una alternativa de mediano plazo que, bien gestionada, podría ahorrarle al país varios miles de millones de dólares anuales en importaciones.
— Investigación y redacción: Lexo Noticias