Cuarenta años atrapados: por qué México no logra dejar de ser un país de ingreso medio y qué tendría que cambiar para conseguirlo
Opinión — 1 de julio de 2026 — En 1985,…
Autor: Redaccion Lexo julio 1, 2026
Opinión — 1 de julio de 2026 — En 1985, el PIB per cápita de México era de aproximadamente 10,500 dólares anuales, ajustado por inflación y paridad de poder adquisitivo. En 2026, cuatro décadas después, ronda los 12,000 dólares. En ese mismo periodo, Corea del Sur pasó de 3,500 a 35,000 dólares. Irlanda, de 12,000 a 105,000 —un salto que la convirtió en uno de los países más ricos del planeta—. Polonia, que en 1990 era más pobre que México, hoy lo supera por más del doble. No hay un solo país que haya logrado dar el salto del ingreso medio al desarrollo en las últimas cuatro décadas sin hacer, simultáneamente, tres cosas: invertir masivamente en educación de calidad, construir instituciones públicas autónomas y funcionales, y ejecutar una política industrial activa que moviera a su economía de actividades de bajo valor agregado a actividades de alto valor agregado. México ha intentado versiones parciales, intermitentes y a menudo contradictorias de las tres. El resultado es que lleva 40 años corriendo en una caminadora que no lleva a ningún lado.
El diagnóstico es conocido hasta el cansancio. La productividad total de los factores —el indicador que mide qué tan eficientemente una economía combina capital y trabajo para producir bienes y servicios— ha estado estancada en México desde 1990. La informalidad laboral abraza al 55% de los trabajadores, lo que significa que más de la mitad de la fuerza laboral del país no tiene seguridad social, no paga impuestos, no genera historial crediticio, no acumula antigüedad para una pensión. La inversión en ciencia y tecnología es del 0.3% del PIB, cuando el promedio de la OCDE es del 2.7% y países como Israel y Corea del Sur invierten más del 4.5%. El sistema educativo mexicano, evaluado por pruebas estandarizadas internacionales como PISA, produce egresados de secundaria que en matemáticas están por debajo del promedio de países como Vietnam, Estonia y Polonia —países con un PIB per cápita similar o inferior al mexicano.
Pero atribuir el estancamiento solo a fallas técnicas —baja inversión, mala educación, informalidad— es perder de vista el problema de fondo, que es político. México no ha podido construir un pacto nacional de largo plazo que trascienda los ciclos sexenales, porque hacerlo requeriría una reforma fiscal progresiva que gravara más a quienes más tienen, y cada vez que un gobierno ha intentado siquiera discutir esa posibilidad —el IVA en alimentos y medicinas propuesto por Fox en 2002, la reforma fiscal integral de Peña Nieto en 2013, la miscelánea fiscal de 2025—, los intereses creados han bloqueado cualquier cambio que afecte sus privilegios. El resultado es un Estado que recauda apenas el 16% del PIB —el nivel más bajo de la OCDE— y que, por tanto, no tiene recursos para invertir en educación, salud, infraestructura, ciencia, seguridad pública o un Poder Judicial que funcione. Sin Estado fuerte no hay desarrollo. Y sin reforma fiscal, no hay Estado fuerte.
El nearshoring ha puesto una ventana de oportunidad frente a México que no se veía desde la firma del TLCAN en 1994. Miles de millones de dólares en inversión productiva quieren instalarse en el país. Pero el nearshoring, por sí solo, no saca a un país de la trampa del ingreso medio: crea empleos en manufactura, sí, pero empleos que en su mayoría son de salario medio-bajo y que no generan el tipo de innovación, transferencia tecnológica y desarrollo de proveedores locales que distingue a los países que sí dieron el salto. Para que el nearshoring no sea otra oportunidad desperdiciada, México necesita complementarlo con una estrategia deliberada de inversión en capital humano, infraestructura digital, investigación y desarrollo, proveeduría local e instituciones que funcionen. No es una lista de deseos: es lo que hicieron Corea, Irlanda, Polonia y todos los países que lograron lo que México lleva 40 años intentando y fallando.
— Análisis: Lexo Noticias